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OHR, Consultoría Navarra de empresas

Anunciábamos en nuestra publicación del mes pasado, en la que hablábamos del Balance de Situación, que en posteriores entregas íbamos a diseccionar y comentar sus principales componentes.

Pues bien, en esta ocasión vamos a detenernos en el bloque del Activo No Corriente, del cual forma parte el Inmovilizado, bien sea inmaterial, material, o financiero.

Tradicionalmente se consideraba un ejercicio de buena salud y una práctica recomendable, el hecho de que ante las necesidades de medios que se le iban presentando a la empresa, ésta optara por la adquisición de los mismos.

De ese modo, se compraban programas informáticos (software), se invertía en terrenos y naves/oficinas, o se adquiría todo tipo de maquinaria y equipos de producción.

También con frecuencia, dichas inversiones requerían de una financiación ajena (sujeta a los vaivenes del coste del dinero en el mercado), la cual impedía el destino del circulante en otras acciones relacionadas con la actividad propia del negocio, con su consecuente limitación en el crecimiento y desarrollo del mismo.

Sin caer en el error tan habitual hoy en día, de hacer un análisis/crítica reduccionista de una situación pasada, si nos situamos en el momento actual está más que demostrado que en multitud de ocasiones es más interesante utilizar un software mediante el pago por uso, arrendar una nave o un terreno, o formalizar un contrato de renting para equipos ordenadores, maquinaria o vehículos.

Una característica de la economía, bien aplicada, es tener siempre en mente el concepto del “coste de oportunidad”.  Porque el análisis a realizar no se puede quedar en el simplismo de hacer un cálculo para ver qué solución supone un desembolso menor de euros, sino que debe evaluarse lo que estamos dejando de ganar si empleamos nuestro dinero realizando la gestión de un modo diferente.

Y, abundando en lo anterior, en muchas ocasiones el problema no se limita a un mayor desembolso económico (que no es poco), sino que se eleva a un problema de una enorme dimensión, cuando la inversión en un terreno y un inmueble nos ata geográficamente a un lugar que no es el más adecuado a futuro, o como mal menor nos impide poder seguir creciendo de la manera que ello pudiera llegar a suceder de una manera natural, bien por problemas de espacio, o por disponer de una configuración no adecuada a las nuevas necesidades que van surgiendo.

En definitiva, este artículo persigue hacer pensar y ayudar a quienes gestionan las empresas a romper con los esquemas mentales tradicionales y analizar el presente, mirando al futuro y tomando decisiones que impidan que la inversión actual en el inmovilizado termine inmovilizando a futuro el negocio.

 

Óscar Hortigüela

Socio Director

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