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OHR, Consultoría Navarra de empresas

Es evidente que las personas de estos lares tenemos muchas y buenas virtudes, pero no cabe la menor duda de que en materia de previsión de contingencias no somos el número uno. En unos casos el motivo de ello es desconocimiento, en otros apatía y, en más de los adecuados, el miedo a afrontar situaciones y aspectos que forman parte consustancial de nuestra propia existencia.

Por eso, en esta ocasión hemos pedido su opinión a un colaborador externo experto en la materia, para que nos aporte su visión sobre la necesidad de tener perfectamente cubiertas las contingencias que se nos pueden presentar a lo largo de nuestra vida. Contingencias cada día más variadas y más exigentes por los cambios que se van produciendo en nuestro entorno.

España es un país poco previsor. Los datos que manejamos quienes estamos en el mundo asegurador lo sabemos. Figuramos a la cola de Europa en previsión ‒ en lo que a la jubilación se refiere ‒, pero también lo somos, y esto sin duda es más grave, en lo referente a las contingencias en las que podemos vernos envueltos a lo largo de nuestra vida antes de que llegue nuestro retiro dorado.

Nuestro ahorro es insuficiente y comenzamos a hacerlo demasiado tarde, de modo que el esfuerzo final resulta muy sacrificado. Por tanto, comenzar a una edad temprana es un primer paso imprescindible; ahorrar lo suficiente es el segundo paso; y, gestionar de forma eficiente lo acumulado, el tercer y último paso. Debemos ser conscientes de que las pensiones públicas disminuyen nuestros ingresos en torno al 40 por ciento.

No hay que tener miedo, además, a plantearse diversas cuestiones: ¿qué pasa con mi familia si fallezco prematuramente?, ¿qué ocurre si obtengo una incapacidad permanente total o absoluta?, ¿cómo consigo mejores prestaciones si soy autónomo?, ¿cuánto cobraré y durante cuánto tiempo en caso de baja por accidente o enfermedad? Es normal sentir vértigo si uno piensa, además, en su propia vida: hijos en edad escolar, hipotecas, el estado laboral de su cónyuge, las cargas familiares…

Lo primero que siempre pregunto a mis clientes es si saben exactamente cuánto cobrarán el día de su jubilación o cuánto cobraría su viuda en caso de fallecimiento. También de qué ingresos podrían disponer si la Seguridad Social les concede una invalidez de cualquier tipo.

Si el cliente tiene un seguro de vida, la respuesta más frecuente suele ser: “Sí, tengo uno con al banco pero no sé qué cobertura tiene”. Cuando le explicas que el beneficiario puede ser la entidad bancaria o le preguntas si el capital es revalorizable (un millón de euros de hoy no vale lo mismo que dentro de veinte años) me encuentro, a menudo, con una mirada de puro desconcierto.

El caso de los autónomos es mucho peor, porque todo esto es extrapolable al ámbito empresarial: dos socios al 50 por ciento, ¿tiene la empresa atada la continuidad del negocio en caso de uno de ellos fallezca?; ¿quiere el socio superviviente que los herederos del socio fallecido adquieran el 50 por ciento del negocio?; ¿cómo puedo compensar la merma del negocio en caso de que, por ejemplo, a mi director comercial le suceda algo?

Sin embargo, hay que dejar esta película de terror atrás y afrontar de forma natural estas situaciones. Hay profesionales, como los asesores laborales y fiscales, que pueden ayudarnos a cuestionarnos todas las variables posibles. En función de las distintas contingencias, el siguiente paso es acudir a un corredor de seguros para que nos explique qué opciones ofrece el mercado y dar una solución eficiente.

Las combinaciones de productos son múltiples y variadas en función de lo que queramos cubrir y de cuál sea el objetivo deseado: seguros de vida con multitud de garantías posibles (capitales de orfandad si hay menores, enfermedades graves, gastos de sepelio, etc.), pólizas de accidentes, pólizas de subsidio, planes de pensiones, planes individuales de ahorro sistemático, colectivos de vida empresariales, unit linked, ahorro garantizado a corto, medio o largo plazo… Y, así, un sinfín de productos que nos ayudarán a evitar un disgusto si algo malo nos ocurre.

Me doy por satisfecho si leyendo estas líneas reflexionas y te das cuenta de que no eres ajeno a estas preocupaciones que “solo le suceden a los demás”. Da un paso al frente y busca en los profesionales adecuados lo que conviene a tu situación particular.

 

Alberto Moreno

Socio Director de ALS Seguros

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