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OHR, Consultoría Navarra de empresas

Superada “la cuesta de enero”, debemos seguir pedaleando de manera planificada a lo largo de 2020, si de verdad queremos alcanzar los retos que nos hemos marcado.

El verdadero peligro que encierra el incumplimiento sistemático de los objetivos que nos hemos marcado, no es la frustración que ello nos provoca. Lo realmente demoledor es que termina creando una costra en nuestra voluntad, la cual nos impide seguir estableciendo objetivos a futuro, ya que “como nunca los consigo…”

Hay quien se atiborra a libros de autoayuda (con publicaciones a cientos en los últimos años), esperando que de su mera lectura se produzca un milagroso cambio en nuestra fuerza de voluntad, llegando al final a la conclusión de que tampoco nos sirven para el fin que nos habíamos propuesto.

Del mismo modo que ningún alpinista se plantea alcanzar una cima que suponga un verdadero esfuerzo sin haber planificado la ruta a seguir, las etapas, los medios necesarios y la imprescindible preparación previa, ningún profesional que se establezca unos objetivos para el ejercicio puede esperar que ello se consiga sin haberlo planificado de forma adecuada y sin haber establecido un método para alcanzarlo.

En los últimos años, la planificación a largo plazo ha sido sustituida por la anticipación, la flexibilidad y la adaptación constante, debido a la enorme incertidumbre del mercado y a la gran velocidad con que se producen los cambios. Pero esta manera de gestionar los negocios no puede apoyarse en la improvisación, sino que requiere haber establecido previamente unos retos, los cuales habremos tenido que pensar y plasmar por escrito, de manera rigurosa y contrastada con nuestro equipo de trabajo.

Quien se presenta a una oposición, o prueba similar, acostumbra a disponer del apoyo de una persona (normalmente conocida como “preparadora”), la cual hace un seguimiento del ritmo de trabajo que lleva, de las materias estudiadas, así como del nivel de conocimiento que va adquiriendo de las mismas. De igual modo, consideramos que quien gestiona una empresa, debería disponer de un apoyo de consultoría con el cual establecer conjuntamente los objetivos estratégicos de la empresa, planificar adecuadamente los mismos en un cronograma creado al efecto, así como diseñar un sistema de control y seguimiento de su desarrollo y ejecución.

También en los últimos tiempos ha proliferado la irrupción de “pseudo expertos”, los cuales tras haber acudido a unas sesiones de formación y obtener un diploma con un rimbombante nombre en inglés, proponen la solución a todas las necesidades de los gestores de las empresas, con un aplomo realmente digno de sonrojo ajeno. Ante esta situación, quienes gestionan los negocios han de saber separar el grano de la paja e identificar a los expertos realmente cualificados en la compleja profesión de la consultoría. En caso contrario se terminan produciendo situaciones desagradables, las cuales al final terminan mezclando y metiendo en un mismo saco a todos los profesionales que se dedican a tan noble oficio.

Óscar Hortigüela

Socio director OHR Consultoría

 

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